Una bañusca en Alemania contrajo la bacteria E.Coli

Una bañusca en Alemania contrajo la bacteria E.Coli

Antonia López Frutos, natural de Baños de la Encina aunque residente en Alemania desde hace 45 años, contrajo la famosa bacteria  E.coli: «He estado para morirme y llevo dos años sin probar un pepino».

Fuente de información: Ideal.es

Según los últimos datos oficiales, el número de afectados por E.coli supera ya los 1.400 sólo en Alemania, donde se han registrado, además, quince fallecimientos. Entre estos 1.400 se encuentra una jienense, Antonia López Frutos (Antonia Deetz tras adoptar el apellido de su marido), natural de Baños de la Encina y que vive en Bremen, en el noroeste de Alemania, desde hace 45 años. Este periódico se ha puesto en contacto con ella para que narre su experiencia. «Antes de nada quiero dejar bien clara una cosa; yo he contraído la bacteria y llevo más de dos años sin probar un pepino», manifiesta Antonia completamente indignada por lo que considera un uso torticero de un problema de salud pública de primer orden. 
 
«Es una injusticia que se achaque toda la responsabilidad a un alimento español, a pesar a no haber ninguna evidencia científica que lo demuestre», afirma Antonia, quien considera que detrás de esta maniobra existen intereses comerciales no confesables: «En los mercados ya se ofrece producto diferenciado de otros países». Conviene aclarar que Antonia López realizó estas declaraciones minutos antes de que Alemania, cinco días después de declarar la alerta alimentaria, descartara que el brote de E.coli procediera de España.
 
A pesar de ello, el testimonio de Antonia tiene una enorme relevancia. Primero porque, según relata ella misma, estuvo gravísima, «al borde de la muerte». Y segundo porque se trata de una de las 1.337 personas que componen la colonia de jienenses en Alemania. «Todo empezó hace cuatro semanas. Estuve en el hospital por unos problemas respiratorios y, justo al regresar, empecé a tener fuertes dolores de vientre y a acudir al baño con mucha frecuencia», dice Antonia. «Yo pensé que aquello remitiría, que mejoraría a base de una dieta adecuada, pero todo lo contrario. Fui empeorando hasta el extremo de que, cuando ya no podía aguantar, llamé al médico de cabecera, que me atendió de urgencia tras constatar mi desesperación», señala.
 
«Tras auscultarme –prosigue– y comprobar la gravedad de mi situación, tomó la decisión de que me ingresaran rápidamente y me pusieran los medicamentos adecuados». «Jamás podía pensar que un ser humano podía expulsar tanto», cuenta Antonia con voz quebrada. «Yo sabía que, tras la forma de actuar del doctor, aquello podía tener malas consecuencias, una percepción que corroboré cuando vi que todos los sanitarios que me atendían llevaban guantes, gorros y vestimenta especial para evitar los contagios». «Allí permanecí durante diez días, en una habitación aislada junto a otra señora que tenía el mismo mal que yo e ingiriendo fármacos muy fuertes que me han curado, pero que me han dejado extremadamente débil», apunta Antonia, quien aclara que sólo al final supo que se trataba de E.coli. «Eso sí, jamás me aclararon cómo y cuándo».
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