La tradición Bañusca, cuenta que Jesús del Llano, tenía su ermita en su ubicación actual, pero en aquel entonces, a las afueras del pueblo, fuera del casco urbano. Jesús del Llano se encontraba clavado en una cruz de plata maciza, la cual una noche desapareció, junto con el Cristo.

Se denunció el caso y el Cristo no aparecía. En un vertedero próximo, -probablemente en las canteras, (donde hoy se encuentra el barrio petete)- empezó a verse una luz, fosforescente. Al principio se pensó que perteneciese los fatuos de algún animal muerto; lo cual pasado el tiempo se desestimó al observar que la LUZ, crecía cada noche. Se tomó la determinación de indagar en aquel misterio y acudieron con antorchas de algarrobas a desenterrar lo que producía aquella misteriosa luz. Al poco rato, encontraron el cuerpo de Nuestro Padre Jesús del Llano, con claros signos de haber partido la cruz en varios trozos.
Desde entonces se le vino a llamar Cristo de la Luz. Este «apodo» hoy en día se ha perdido casi por completo; quién lo conoce lo suele atribuir a la luminosidad que entra por el tragaluz de su camarín, la cual es reflejada en los múltiples espejos que este posee. Es curioso que se haya perdido este nombre, y se conserve la de poner María de la Luz a las niñas del pueblo. Y que al mismo tiempo se haya perdido la tradición de poner el nombre de Maria del Llano. Lo que es muy probable, es que muchas Mari Luz desconozcan esta parte de la historia de Baños.



