Bendición de los animales

El día 17 de enero, día de San Antón, patrón y protector de los animales, niños y mayores se acercaron a la Parroquia de San Mateo, para que nuestro párroco bendiga a sus mascotas. 

Por segundo año consecutivo, tiene lugar la bendición de los animales en la Parroquia de San Mateo, una vez finalizada la celebración de la Misa de 12, niños y mayores entraban en la Iglesia acompañados de sus mascotas pajaros, algún que otro pez, una tortuga, una gallina, o incluso un gato, pero sobre todo lo que más abundaban eran los mejores amigos del hombre, los perros. 


Una imagen curiosa, ver llena la Iglesia de animales, en el altar posaban los dueños con sus mascotas para dejar constancia del acto. GALERIA DE FOTOS 17/01/2010

En 2009, se celebra por primera vez este acto en nuestro pueblo, la iniciativa de D. Manuel gran amante de los animales es muy bien acogida por los fieles.

San Antonio Abad nació en el pueblo de Comas, cerca de Heraclea, en el Alto Egipto. Se cuenta que alrededor de los veinte años de edad vendió todas sus posesiones, entregó el dinero a los pobres y se retiró a vivir en una comunidad local haciendo ascética, durmiendo en un sepulcro vacío. Luego pasó muchos años ayudando a otros ermitaños a dirigir su vida espiritual en el desierto, más tarde se fue internando mucho más en el desierto, para vivir en absoluta soledad.

De acuerdo a los relatos de san Atanasio y de san Jerónimo, popularizados en el libro de vidas de santos La leyenda dorada que compiló el dominico genovés Santiago de la Vorágine en el siglo XIII, Antonio fue reiteradamente tentado por el demonio en el desierto. La tentación de san Antonio se volvió un tema favorito de la iconografía cristiana, representado por numerosos pintores de fuste.

Su fama de hombre santo y austero atrajo a numerosos discípulos, a los que organizó en un grupo de ermitaños junto a Pispir y otro en Arsínoe. Por ello, se le considera el fundador de la tradición monacal cristiana. Sin embargo, y pese al atractivo que su carisma ejercía, nunca optó por la vida en comunidad y se retiró al monte Colzim, cerca del Mar Rojo como ermitaño. Abandonó su retiro en 311 para visitar Alejandría y predicar contra el arrianismo.

Jerónimo de Estridón, en su vida de Pablo el Simple, un famoso decano de los anacoretas de Tebaida, cuenta que Antonio fue a visitarlo en su edad madura y lo dirigió en la vida monástica; el cuervo que, según la leyenda, alimentaba diariamente a Pablo entregándole una hogaza de pan, dio la bienvenida a Antonio suministrando dos hogazas. A la muerte de Pablo, Antonio lo enterró con la ayuda de dos leones y otros animales; de ahí su patronato sobre los sepultureros y los animales.

Se cuenta también que en una ocasión se le acercó una jabalina con sus jabatos (que estaban ciegos), en actitud de súplica. Antonio curó la ceguera de los animales y desde entonces la madre no se separó de él y le defendió de cualquier alimaña que se acercara.

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