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Patrimonio Histórico


Casco urbano

Baños de la Encina ha acumulado un rico patrimonio artístico que ha sabido conservar satisfactoriamente. Desde el castillo califal hasta la parroquial de origen gótico, desde la exuberancia barroca del camarín de su santuario hasta la austeridad blasonada del Concejo, desde el señorío de sus palacios hasta sus molinos del siglo XVIII, el pueblo conserva su identidad monumental que evoca su importancia histórica, el poderío económico de su nobleza y su interés por simbolizarlo arquitectónicamente.

El centro histórico de Baños de la Encina fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1969 y tiene incoado expediente desde 2010 para su declaración como Bien de Interés Cultural.

Castillo de Burgalimar

La fisonomía de Baños de la Encina está marcada por la presencia de su imponente fortaleza califal, construida en un espolón rocoso que domina el río Guarromán. Su planta sigue el contorno de la peña, estrechándose en los extremos.

Está construido en tapial. Éste es una mezcla de arcilla, arena, cal y piedras de pequeño tamaño, que se coloca por capas, de forma similar al encofrado actual de cemento, mediante “cajones” de madera, un molde de medidas fijas en cuyo interior se vierte la mezcla, que se solidifica por la evaporación del agua y al fraguar la cal. Se considera un procedimiento de construcción muy rápido y barato, por lo que se ha contrapuesto a obras cuidadas hechas con mampostería o sillares. No obstante, su empleo se justifica por la extraordinaria resistencia y dureza que puede alcanzar, y que depende de la proporción en que los diversos materiales entran en la mezcla. Los muros de Baños tienen un total de 11 cajones, de unos 75 u 80 centímetros de altura cada uno.

El castillo está dotado de catorce torres de tendencia cuadrada, que en su origen pudieron ser quince, si la última fue sustituida en el siglo XV por la gran torre del homenaje hoy existente. Las torres apenas rebasan la altura de la muralla, estaban huecas y conservan las huellas de los mechinales que indican que tenían tres plantas, cada una con una aspillera, enfiladas alternativamente a los lados norte y sur. Algunas tenían una cuarta planta sin aberturas al exterior.

En el patio hay un gran aljibe dividido en dos naves, separadas por pilares, y cubierto con una bóveda de medio punto.

Gracias a una inscripción, conservada hoy en el Museo Arqueológico Nacional, y de la que hay copia y traducción en las jambas de la puerta del castillo, sabemos que ordenó construirlo el califa al-Hakam y que se concluyó en el año 968. Junto con otros castillos también construidos por estos años, como los de Tarifa (Cádiz), el Vacar (Córdoba) o Zorita (Guadalajara), estaría destinado al acantonamiento de las tropas bereberes alistadas para las campañas anuales contra los cristianos, cuyo lugar de concentración final, ya en la frontera, sería la fortaleza de Gormaz (Soria).

Tras la conquista cristiana la parte oriental de la fortaleza fue convertida en un alcázar, mediante la creación de una muralla interior, compuesta por un poderoso torreón circular, del que hoy sólo se conserva la base, y dos lienzos que unían éste con los muros laterales, de los que hoy sólo queda parte de uno de ellos. El segundo muro debió ser eliminado y en la zona donde encajaba se encuentra una escalera. No obstante, en la muralla interior no se aprecia roza alguna, quizá porque simplemente se adosó. A este alcázar debió pertenecer también la gran torre del homenaje.

Ésta última se eleva considerablemente sobre el resto del conjunto. El frente exterior está redondeado, lo que indica que se construyó cuando ya la artillería había empezado a desarrollarse de forma importante. La parte inferior es maciza, presentando una cámara a la altura del adarve del castillo islámico, a la que se llega mediante una escalera exterior. De esta cámara parte una escalera que conduce a la terraza.

La torre no mira al frente, hacia la campiña, sino que está orientada hacia la población, proyectándose por encima de ella, lo que indica que se trata de una construcción señorial, cuyo fin no era resistir a un hipotético enemigo exterior, sino el amedrentamiento y control de la población campesina del lugar.

El Castillo de Burgalimar fue declarado en 1931 Bien de Interés Cultural.

Iglesia de San Mateo

La iglesia parroquial de San Mateo se erigió en el último tercio del siglo XV con traza gótica para su nave como muestran sus arcos apuntados y bóvedas de terceletes. También la portada lateral es gótica, mientras que la principal, labrada en 1576, es manierista. Su torre de base octogonal, articulada en tres cuerpos y rematada por pináculos, fechada en 1596, se inspira en la arquitectura de Vandelvira.

Completa su interior el presbiterio sobre gradas y el crucero con cúpula de media naranja con linterna, diseñada en 1732 por Pedro de San Joseph, que se comunica con la nave por medio de un gran arco toral y cuyos brazos se cubren con bóveda de medio cañón y lunetos. Otros elementos significativos son el coro, en madera de nogal, la tribuna reservada para los jerarcas de la Inquisición, las capillas, de escasa profundidad, y la pequeña urna del sagrario, en madera de ébano, con carey, marfil y plata, e interesante pintura atribuida a la escuela de Murillo.

Ermita del Cristo del Llano

Se trata de un camarín-torre, un gran prisma de mayor altura que la iglesia del siglo XVII en la que se integra, cuya construcción finalizó hacia la mitad del siglo XVIII. Interiormente ofrece una espectacular visión barroca: la ilusión espacial se hace fastuosa en la bóveda polilobulada sobre trompas en la que estípites, hornacinas y pedestales, en yesería policromada, alternan con alegorías, iconografías de santos y evangelistas y hasta exóticas aves, frutas y vegetales, en un abigarrado decorativismo de estucos que gana aún más en intensidad con la incrustación de espejos.

La figura de la Inmaculada preside el complejo espacio, al que se accede por un pequeño rellano con bóveda de media naranja sobre pechinas de gran expresividad y primorosa belleza. El objetivo primordial de esta arquitectura era estimular la piedad de los fieles que, desde la parte baja de la iglesia, accedían visualmente a la puesta en escena de este compendio de dúctiles morfologías escultóricas, decorativas y ornamentales, en el que las luces y colores enfatizan estéticamente aún más la llamada a la plegaria y el recogimiento.

Esta ermita fue declarada Bien de Interés Cultural en 2009.

Casa Consistorial

La Casa Consistorial o Ayuntamiento se remonta a la época de Carlos I. Presenta una fachada apaisada de sillería, al gusto castellano, en la que se abre un arco de medio punto, sobre el que se levanta un balcón de forja con tejaroz, y exhibe a la derecha el emblema de los Austrias. Acoge una escalera interior de gran prestancia y es posible que el Salón de Plenos se corresponda con unos antiguos baños árabes.

Otros monumentos

Todo el casco urbano está plagado de mansiones señoriales y palacios levantados entre los siglos XVI y XVIII. Así, en la calle Trinidad, destacan casas como las de Caridad Zambrano, la de los Pérez Caballero, los Salcedo, Galindo o, cerrando la antigua muralla, cerca del arrabal de los cesteros, la casa del notario Guzmán. De sus antiguas ermitas se conservan, fuera del casco urbano, la de la Virgen de la Encina, de origen medieval pero restaurada en el siglo XVII, y la de Jesús del Camino.

En su término municipal también podemos encontrar otros Bienes de Interés Cultural, como el poblado minero de Los Guindos y el oppidum denominado Salas de Galiarda; varios abrigos con pinturas prehistóricas, también declarados Bien de Interés Cultural: Canjorro de Peñarrubia, El Rodriguero, Selladores, Abrigo de las Jaras, Barranco del Bu y Nava el Sach; y numerosos inmuebles mineros industriales, igualmente declarados Bien de Interés Cultural: Araceli, El Macho, El Manto, El Mirador, El Soldado, El Águila, La Botella, La Culebrina, La Reforma, Los Curas, Monteponi, Pozo Nuevo, San Agustín, San Guillermo y Santo Tomás.

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Ayuntamiento de Baños de la Encina

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